Acinetobacter baumannii, patógeno con alta resistencia a múltiples antibióticos

Un equipo de investigadores del Centro de Ciencias Genómicas de la Universidad Autónoma de México (UNAM) reveló que Acinetobacter baumannii, una de las bacterias hospitalarias más peligrosas para los humanos debido a su alta resistencia a múltiples antibióticos, se encuentra presente en perros, caballos, aguas residuales y otras fuentes no humanas.

La investigación, publicada en la revista Nature Communications, replantea la forma de entender al patógeno, ya que mientras estudios previos habían centrado su atención en entornos clínicos, éste logró mapear su presencia fuera de los nosocomios.

“Reducimos de 34 mil a 23 mil registros, después de la limpieza de datos, cuando nos quedamos sólo con aquellos que nos permitían hacer inferencias confiables.”

Uno de los hallazgos más sorprendentes fue que hubiera tantas fuentes diferentes de A. baumannii, porque “creíamos que iba a estar en menos de 40”, explica el investigador.

Otro dato revelador es que del análisis de diversidad de los genomas, se identificó que las muestras no humanas, todas ellas en conjunto, son más diversas que las poblaciones procedentes de humanos.

En cuanto a la capacidad para resistir antibióticos, encontraron que la mayoría de los reservorios animales o ambientales tiene menor genes de resistencia que las bacterias halladas en hospitales y humanos. Sin embargo, encontraron excepciones en perros y aguas residuales, cuyos niveles de resistencia son similares a los detectados en humanos y además contienen genes de relevancia clínica.

Castillo Ramírez considera que los datos obtenidos en este análisis son de gran importancia para la salud pública porque “hasta ahora no se sabe si los reservorios animales o ambientales pueden transmitir infecciones hacia los humanos. Debemos evaluar qué tan patógenas pueden ser”.

El científico planteó que después de la publicación de este artículo, el equipo se plantea emprender estudios más específicos para profundizar en las dinámicas de transmisión.

Adelanta que también es relevante entender las direcciones de las transmisiones, “ya que el gato, el perro pueden transmitirla a los humanos, pero también nosotros a ellos. Hay cosas interesantes que aún faltan comprender”, señala.

Uno de los proyectos que más entusiasma a Castillo Ramírez es el que realizará con su colega Carlos Méndez, del CCG de la UNAM, mediante el uso de inteligencia artificial. Estiman desarrollar modelos que les permitan identificar el origen de la bacteria y determinar si proviene de un entorno hospitalario o no humano, como un río.

También quieren evaluar los genes relacionados con la virulencia para determinar su capacidad para causar una infección o no.

“Si queremos entender la biología de estos patógenos necesitamos ir más allá de nuestros sesgos antropocéntricos y dejar de estudiarlos sólo en hospitales o en humanos. Su complejidad biológica es mucho mayor de lo que imaginamos.”

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