El nuevo disco de Gal Costa es la recuperación de un concierto en vivo realizado el 22 de mayo de 2003 en el teatro Castro Alves en Salvador de Bahía, tierra natal de quien pasó a la historia como una de las voces más hermosas sobre la faz de la Tierra, plena de calidez, ternura, intensidad y con afinación perfecta.

El álbum se titula Gal Costa Ao Vivo no Teatro Castro Alves, fue lanzado el pasado 22 de mayo y consta de 25 piezas que causan asombro y alegría a pesar del duelo, pues el mundo no se recupera de su pérdida repentina hace menos de cuatro años, cuando estaba en pleno uso de sus capacidades artísticas y a punto de emprender nueva gira por Europa.

El concierto hoy recuperado forma parte del proyecto Vozes do Brasil y es a su vez el segundo álbum póstumo de Gal. El anterior salió en octubre pasado y es la grabación de otro concierto en vivo: As várias pontas de uma estrela – Ao vivo no Coala.

El disco está integrado por 25 piezas que cantó Gal, acompañada por el excelente guitarrista Luiz Meira, en 2003. Dada la suave sonoridad de una guitarra acústica, estamos frente a un concierto prácticamente a capella. Es un clásico que sigue el sendero de obra maestra.

Inicia a capela con la hermosa pieza Coracaozinho, de Caetano Veloso, que formó parte de la banda sonora de la película Tieta do agreste, de 1996.

El nuevo disco de Gal Costa tiene dos ejes: Caetano Veloso y Joao Gilberto, que son las dos instituciones musicales y poéticas más sólidas de la música brasileña, junto con Chico Buarque, Milton Nascimento, Caymmi, Gilberto Gil y Tom Zé.

Las vidas y carreras artísticas de Gal Costa y Caetano Veloso están íntimamente ligadas: en 1955, Gal conoció a Sandra y Dedé, las futuras esposas de los compositores Gilberto Gil y Caetano Veloso. En 1959 escuchó por primera vez en la radio a Joao Gilberto cantar Chega de Saudade. En 1963, Dedé Gadhela le presentó a Gal a Caetano Veloso y surgió entre ellos una amistad que duró toda la vida de Gal. Juntos debutaron, juntos grabaron su primer disco: Domingo, en 1967.

El disco tiene muchos momentos de emoción bonita y todo el tiempo de mucha poesía. Como en la pieza clásica de Caetano Veloso que Gal Costa convirtió en ritual: Meu bem, meu mal. Y esa pieza magistral titulada Forca Estranha.

Al escuchar este disco, uno se siente transportado a Bahía, al mar, a la alegría. Es conmovedora la conexión de Gal Costa con su público. Los invita a cantar y escuchamos a un coro espontáneo, fundamentalmente de mujeres, con una afinación asombrosa, un sentido de la poesía contagiosa y una alegría de vivir y cantar que contagia.

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