Con la mano izquierda, Yuriana sostiene el volante de su camioneta en movimiento y con la derecha avienta pedazos de pollo crudo desde la ventanilla, por lo que decenas de perros en situación de calle que viven en las inmediaciones del Ajusco corren para alimentarse. En el retrovisor se observa el reflejo de decenas de peludos criollos y de raza arremolinarse. Algunos son negros, cafés, atrigados, blancos, con manchas, canosos, con cicatrices, lánguidos, otros padecen de cataratas. Todos devoran en segundos las piezas de retaso que posiblemente será su única comida en el día, en la Alcaldía Tlalpan. Yuriana es maestra de biología en una Universidad, pero empezó a hacer trabajos de limpieza en casas los fines de semana, vende artículos de segunda mano y da clases de regularización de química e inglés para financiar su altruismo. En promedio, diariamente gasta 800 pesos en 100 kilos de pollo, lo que se traduce en 40 mil pesos mensuales que incluyen el pago de esterilizaciones, la renta de pensiones para resguardar a los canes recién operados y compra de medicamentos. Antes de impartir cátedra, todas las mañanas recorre durante dos horas las calles del Ajusco para arrojar pedazos de huacal con rabadilla a aproximadamente 700 perros que deambulan en pueblos como Petlacalco, San Miguel Ajusco o Santo Tomás Ajusco. Cuando acaba su trabajo en las aulas, retoma la ruta por las tardes para intentar alimentar a toda la población canina que vive en esas condiciones. En varios puntos detiene su camioneta para descender y entregarles las piezas de pollo, razón por la que la mayoría de los peludos la reconocen y se abalanzan hacia ella. El alimento es apenas una parte del proceso de ayuda que ofrece gratuitamente, pues previamente los lleva a esterilizar y les compra medicamento para curarlos de múltiples padecimientos. "Los voy monitoreando, pero a muchos ya no los encuentro porque los atropellaron, porque están enfermos. "Soy profesora, vendo cosas, zapatos, cosas de segunda mano, doy clases, tengo que hacer de todo, limpiar casas, lo que sea para poder salir adelante y esterilizar lo más que se pueda", comentó Yuriana. La docente lleva más de 10 años realizando la labor que resulta incómoda para muchos vecinos del Ajusco, debido a que los cuestiona porque no acostumbran a esterilizar a los perros que consideran suyos, pero que terminan en las calles y en el abandono. En uno de los viajes de Yuriana la acompañaba en el asiento trasero "Cleo", una perra mestiza de un año que rescató hace una semana debido a que sus tutores la dejaron en la vía pública. El mayor tiempo del recorrido "Cleo" lo pasó acostada y a veces vomitaba por un padecimiento que posiblemente esté relacionado con gastroenteritis. "Me parece agresivo ver tantos perros en condición de abandono, lo que hago es alimentar, esterilizar, lo que deberíamos como sociedad hacer y que lo dejan en manos de rescatistas. "No solamente no recibes ayuda del Gobierno, sino que recibes ataques de la gente y nadie te defiende, nadie te ayuda (...). Todo mi salario me lo gasto en esterilizar, en alimentar, en pagar pensiones; yo ya no puedo más", expresó.